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Voy a empezar por admitir que me costó trabajo llegar a escribir este título. Trabajo no de unos días, sino tal vez de años, tal vez de una vida. Puedo decir que hasta hace muy poco había casado una silenciosa ‘pelea’ con Dios, que he terminado y te voy a contar por qué.

Nací en una familia católica y desde pequeña me inculcaron los valores cristianos, en esencia no hacer al prójimo lo que no quiero para mí, amarnos los unos a los otros, en fin. Pero también el temor a Dios. Tal vez no mis papás, tal vez la sociedad en general, mi colegio, mi entorno, pero crecí creyendo que Dios me castigaría por mis pecados. Y cuando crecí y dejé de ir a misa y de confesarme, tal vez esa relación de miedo creció en mi subconsciente condenándome para siempre. Eso solo aumentó mi distancia con Dios.

Mientras que estaba en el colegio, algún espacio se mantenía para cultivar mi espiritualidad, de cierta manera la obligación de ir a misa, o la oración de la mañana podría ser un tiempo para reflexionar. Cuando entré a la universidad ese espacio desapareció y en lugar de ello era considerado casi que ‘ignorante’ el que profesara alguna creencia en un ser superior. Mi relación con Dios se debilitó mucho más.

Al fin y al cabo eran muchas más las bendiciones en mi vida que las dificultades, así que si todo iba bien ¿para qué había necesidad de pensar en Dios? Yo no entendía la espiritualidad separada de la religión, como hoy la entiendo.

Hace un año, en medio de un proceso que me llevó a cuestionarme muchos aspectos de mi vida, esa inquietud creció en mi. ¿Cómo es que al preguntarme por mi espiritualidad sentía que estaba en 0?¿Cómo esa niña que alguna vez se sintió cercana a Dios hoy no sabía ni qué implicaba el tener una práctica espiritual? Asumí esas preguntas con una mente abierta y sin darme cuenta empezó mi trabajo.

Hice un taller que me ayudó a conectarme con mi esencia y a descubrir que el propósito de mi vida es amar y que cuando uso mi corazón creo pasión y vida. Después empezaron a llegar libros, mensajes, personas para guiarme en el camino que he empezado a recorrer y de pronto me di cuenta Dios volvía a hablarme; o mejor dicho, que yo volvía a escucharlo.

Pero no era el Dios que me había imaginado, del que me había distanciado y que creía que ya me había condenado. De pronto me di cuenta que no tenía que buscarlo, solo recordarlo y reconocerlo dentro de mi. Que inclusive si ponía atención, podía sentirlo.

Dios para mi, es esa inteligencia natural que se encuentra dentro de cada uno de los seres y todo lo que existe en el universo. Es esa fuerza que atrae, crea y expande. Una fuente de energía infinita, absoluta, que todo lo abarca, que todo lo soporta. Es el amor en esencia. Sin ser ‘alguien’ o ‘algo’, es la mente uno, la fuente de todo y todos.

Creo que no pudo haber un momento más oportuno para reconciliarme con mi visión de Dios, que este momento tan particular por el que atraviesa el mundo; y creo también que no hay nada más importante para mi que entender el papel que juego dentro de la familia de la humanidad y cumplir mi propósito: ser feliz, perdonar, recordar y vivir y entender que todos somos uno.

Entiendo que no es fácil reconocer a Dios en medio del caos en el que parece sumirse este mundo, pero si esta es una inquietud que resuena en ti también, aquí te dejo un pequeño extracto de las maravillosas Conversaciones con Dios de Neal Donald Walsh:

“¿Hay alguna salida de este desastre?

Sí. ¿Debo decirlo de nuevo? Un cambio de consciencia.
No pueden resolver los problemas que acosan a la humanidad a través de la acción gubernamental o por medios políticos. Ya lo intentaron durante miles de años.
El cambio que debe efectuarse sólo se puede lograr en el corazón de los hombres.

¿Puedes resumir en un sola frase el cambio que debe hacerse?

Ya lo hice varias veces.
Deben dejar de ver a Dios como separado de ustedes, y a ustedes como separados de los demás.
La única solución es la Verdad Fundamental; no existe nada en el universo que esté separado de cualquier otra cosa. Todo está intrínsecamente conectado, todo es interdependiente de manera irrevocable e interactiva, entrelazado en la estructura de todo lo que existe.
Todos los gobiernos, todas las políticas, deben basarse en esta verdad. Todas las leyes deben estar enraizadas en ella.
Ésta es la esperanza futura de la raza humana; la única esperanza para este planeta.

¿Cómo funciona la Ley del Amor de la que hablaste anteriormente?

El amor lo da todo y no requiere nada. Si todos dieran todo, ¿qué requerirías? La única razón por la que requieres algo es que alguien más lo está reteniendo. ¡Deja de retener!

Esto no podría funcionar a menos que todos lo hiciéramos a la vez.

En efecto, lo que se requiere es una consciencia global.
Sin embargo, ¿cómo se alcanzará? Alguien tiene que empezar. Aquí está la oportunidad para ti.
Tú puedes ser la fuente de esta Nueva Consciencia.
Tú puedes ser la inspiración.
Sin duda, debes serlo.

¿Debo?
¿Con quién más contamos?”

Einstein decía puedes vivir tu vida como si nada fuera un milagro o como si todo fuera un milagro.

YO ELIJO LO SEGUNDO. EL MILAGRO PARA MI, FUE REDESCUBRIR A DIOS DENTRO DE MI.