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Esta semana he estado reflexionando sobre la importancia de escuchar y del papel de la comunicación en la construcción de nuestras relaciones. ¿De dónde viene el tema de que en lugar de escuchar estamos siempre listos para responder? Creo que del hecho de que nos han enseñado que no tener una respuesta está mal, que sea lo que sea, siempre tenemos que saber.

Por problemas de comunicación se acaban matrimonios, se rompen amistades, se crean resentimientos, se afectan los ambientes laborales y en últimas se disminuye nuestra ‘productividad’ porque cuando sentimos que el otro no tuvo en cuenta nuestro punto de vista, o de alguna manera se impuso, limitamos nuestra voluntad de cooperar y pasamos al modo reaccionar.

Entonces ¿cuáles podrían ser las claves para mejorar la comunicación? Creo que paradójicamente una de ellas es guardar silencio. Escuchar más y hablar menos. Escuchar con el verdadero deseo de comprender y no de reaccionar. Permitirnos habitar el silencio, el no saber la respuesta.

Pero también debemos reconocer que todos jugamos un doble rol, a veces somos los que comunicamos, a veces somos los que escuchamos. Y creo que también es importante entender cuando el otro no tiene una respuesta para darnos. Permitirle ese espacio y no forzarlo a replicar.

Otra de las claves es ser conscientes de que en muchas oportunidades lo que sucede es que no nos atrevemos a decir las cosas tal como las pensamos, las llenamos de adornos, damos mil rodeos y creo que lo que hay detrás de eso es miedo. Miedo a lo que la otra persona va a pensar de nosotros, y un deseo de lucir bien. Finalmente si basamos nuestra seguridad en nuestra imagen, racionalmente nunca la pondríamos en riesgo. Sin embargo no nos damos cuenta de que esto en lugar de mejorar nuestra comunicación la debilita, abre el lugar a los malos entendidos y termina por fraccionarla. Sí, escoger bien nuestras palabras es muy importante, porque las palabras tienen poder, pueden construir o destruir, pero eso no significa que dejemos de decir lo que queremos decir por miedo.

Inclusive se ha hablado de cómo esto está relacionado con el género y la confianza. Hay estudios que muestran que en contextos laborales, en los que la imagen es muy importante, las mujeres en general nos aseguramos de poder comprobar lo que vamos a decir antes de decirlo mientras que para los hombres es menos importante y simplemente se lanzan. Esto puede aportar a la brecha de género como lo plantean Katy Kay y Claire Shipman en su artículo The Gender Gap, pero creo que también tenemos que preguntarnos cómo impacta esto en nuestras relaciones con los otros y con nosotros mismos.

En definitiva comunicarse es un arte, que va entre desarrollar una capacidad de escuchar consciente y activamente, saber cuándo guardar silencio y no quedarse con las palabras en la boca.

HOY TE INVITO A DECIR ENOUGH A LA REACTIVIDAD, AL MODO DE ESTAR A LA DEFENSIVA, PERO TAMBIÉN A ATREVERTE A DECIR LO QUE TENGAS QUE DECIR PORQUE EN ÚLTIMAS “TU CUERPO GRITA LO QUE TU BOCA CALLA”.