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Las experiencias que hemos vivido y la forma en que las percibimos nos generan emociones, las cuales guardamos y clasificamos. Esta información nos puede dar la posibilidad de aprender y crecer, así como de reprimirnos, alimentando nuestros miedos, frustraciones, rabias, tristezas… También puede llevarnos a enfermar en cada uno de nuestros cuerpos: mental, emocional, físico y más. Sin embargo nuestras experiencias tienen el poder de enseñarnos el camino de la consciencia, el amor y la simplicidad de la sabiduría que habita en nosotros.

Es difícil hablar de miedo, por ejemplo, si no lo conocemos, si no lo exploramos e intentamos expresarlo de diferentes maneras. Si cuando nos habla, no le escuchamos. Probablemente cuando aparece quiere enseñarnos un poco de humildad, o tal vez nos dice que estamos delegando mucho a los demás y no haciendo nada por nosotros mismos; tal vez quiere mostrarnos que creemos demasiado en los conceptos externos y no hemos logrado mirar hacia adentro…

Hoy mirando hacia adentro, quiero contarte de mi, Claudia Camacho, y de mi proceso de convertirme en una sanadora emocional.

Cuando pienso quién soy me respondo: Soy una esencia de luz pura e infinita que se encuentra experimentando en un cuerpo limitado.

Para llegar a esto claramente debo remontarme a mi infancia. Crecí en una familia católica que asistía a misa habitualmente; de estos instantes recuerdo mis ojos asombrados mirando a todas estas personas llorando, aclamando, pidiendo y hablando a un dios dibujado, a una figura con mirada de dolor o simplemente mirando hacia el infinito con el deseo de ser escuchados. No puedo negar que yo también buscaba este ser y miré hacia muchos lugares, busqué en muchas figuras y creencias hasta que me encontré mirándome al espejo y aquella incógnita empezó a darle un sentido más profundo a mi vida.

Ese dios está en mi, fue y ha sido la respuesta que abrió el camino a encuentros y descubrimientos en cada paso que he dado hasta hoy.

Desde muy niña sentía, escuchaba y veía cosas que para algunos no eran más que alucinaciones o fantasías de una niña -y esto sumado a la convivencia con una familia creyente-, hicieron que estas sensaciones se vieran cada vez más reprimidas y desvanecidas por los miedos y las creencias.

Viví mis experiencias sin poderlas entender, con un profundo miedo a la oscuridad y sintiéndome observada y acompañada por presencias, pues así las llamaba.

En mis juegos manifestaba el deseo profundo de sanar, así que jugaba con mis hermanos acostándolos en el patio de la casa y les decía que se hicieran los enfermos; luego pasaba mis manos sobre ellos sintiendo que en realidad poseía el don de sanar, pero en la medida que fui creciendo, mi sensibilidad se fue durmiendo por el miedo que sentía y por la necesidad que salía de lo más profundo de mi ser de estar tranquila, sin sentir o percibir.

Salí del colegio e inicié mis estudios en enfermería y en la mitad de la carrera llegó mi primera maestra: mi hija Juanita. Fue a través de este embarazo que se reabrió el camino hacia el despertar de las sensaciones que desde la infancia habían cesado. Me gradué como enfermera y en el ejercicio de mi profesión sentí la profunda necesidad de entender estas experiencias, así que incentivada por mi mamá y en su compañía, hicimos los cursos de Reiki.

 

Cierta sensación de alegría reapareció en mi al verme nuevamente extendiendo mis manos para ayudar, para sanar a tantos pacientes que sentía que lo pedían y experimentaban gratitud y alegría al mejorar con mis intervenciones. Aprendí a conectar con la esencia de cada ser y a solicitar respetuosamente los permisos correspondientes para poder ser un canal de sanación.

Aunque la emoción y la alegría que me producía esta herramienta llenaba un espacio en mi, tengo que decir que también me confrontaban temas emocionales como el miedo, el vacío, la insatisfacción, la tristeza, la depresión, la violencia, la mentira, el engaño etc… Pues con el ritmo de trabajo y estudio que tenía muchas veces no me quedaba tiempo para seguir profundizando o buscando mi camino y la responsabilidad con mi hija me seguía consumiendo en un hacer diario.

Así pasaron unos largos años y después de muchas experiencias fuertes de lágrimas, de sentirme impotente, engañada, vulnerable y de haber laborado y no tener mucho tiempo para mi, llega a mi vida el amor y mi siguiente maestro, mi amante y compañero de camino, quien enciende en mi nuevamente el deseo de descubrirme y despertar.

Aunque seguí trabajando como enfermera unos años más, llegó un momento de la vida en el que decidí tomarme unos meses sabáticos. Cuando quise volver a incorporarme laboralmente no lo conseguí, por que mi perfil era ‘demasiado alto’ para todos los cargos a los que aplicaba. Y aunque no entendía lo que me estaba pasando sentía muchos grados de injusticia, rabia, tristeza, dolor e inconformidad por la situación que vivía de caos laboral.

Pasó el tiempo y al no conseguir resolver mi situación laboral sentí que me volvía más vulnerable, triste y frustrada. Así que empecé a ayudarle a Henry (mi amado complemento ) en la escuela de Tai Chi y Judo. Ahora tenía un nuevo trabajo como secretaria, aseadora, administradora en la escuela. Aún así me sentía con mucho malestar por no poder ejercer mi profesión.

Un día Henry me hizo una pregunta …. ¿Qué has querido hacer y nunca has podido porque has estado siempre enfocada en la enfermería? Mi primera respuesta fue decir: no sé. En este momento crucial ya había descubierto de las bondades del Tai chi y Qi gong, estas artes orientales me ayudaron a centrarme y a enfocarme en mi.

Sentir que el timón de mi vida estaba tomando otra dirección me generaba ansiedad e incertidumbre, sin embargo, así pasó 1 año y medio; yo continué con el Tai chi, retome el reiki, inicié un curso de esencias florales y llegó mi segundo embarazo: Mathias, un maestro más para seguir aprendiendo y un tiempo en el que ya sentí en mi un ser más definido. Se me presentó la oportunidad de estudiar sintergética, y lo cual me permitió aprender mucho más sobre el engranaje perfecto que es el cuerpo físico con el campo electromagnético que nos rodea, fue maravilloso.

Después llegó la sanación genética cósmica que me permitió que abriera más mi canal y pudiera evidenciar vidas que viví antes. Se me mostró una lemuriana en contacto con delfines, sirenas, con la esencia de Gaia, los árboles, la naturaleza, el agua y con la comunidad. La labor que desempeñaba no fue muy clara, pero estaba relacionada con la comunicación y la educación.

A partir de ahí muchas de mis sensaciones han venido decantándose y los seres que me acompañan y apoyan siguen formándome como sanadora y tejedora de palabras que pretenden ser una posibilidad para que otros, como yo también, podamos despertar y cumplir nuestra misión en este plano y sanar nuestro ser íntimo.

Desde hace 5 años han llegado a mi personas que buscan apoyo en procesos de sanación a través de terapias y las charlas. Mi especialidad son las emociones: Yo soy sanadora emocional.

Hoy, me uno con Caro, creadora de Mundo de Milagros, para apoyar desde un lugar de luz a tu corazón. Si has sentido o sientes el llamado a buscar, a indagar y no sabes por dónde empezar, quiero decirte que este es un buen momento para desaprender lo aprendido e iniciar con un nuevo camino de consciencia. Te invito a que hagas click aquí y te inscribas a la serie de 7 clases gratuitas que queremos regalarte para re-activar tu luz. ¡Empezamos el 30 de septiembre!*

Te espero con todo el amor.

 

*Las clases de regalo ya han terminado. Si te sumas a la newsletter aquí te contaremos cuando vuelvan a estar disponibles. 

 

CLAUDIA CAMACHO

Sanadora emocional

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